Entrevista a Enrique Javier Diez Gutiérrez:» La prostitución es una forma de violación remunerada»

enrique javier diez gutierrez

Enrique Javier Díez Gutiérrez es ensayista y profesor titular de la Facultad de Educación en la Universidad de León. Doctor en Ciencias de la Educación. Licenciado en Filosofía. Diplomado en Trabajo Social y Educación Social. Especialista en organización educativa, actualmente desarrolla su labor docente e investigadora en el campo de la Educación Intercultural, el género y la política educativa.

Además de su labor docente como Profesor de Universidad en la Facultad de Educación ha publicado varios libros de ensayo sobre pedagogía y política, además de colaborar en varias revistas y medios de comunicación. Como activista, participa actualmente en diferentes movimientos sociales, siendo Vicepresidente del Foro por la Memoria de León, Secretario del Grupo de Hombres por la Igualdad de León (Prometeo) y Presidente estatal de Hombres por la Abolición de la Prostitución.

La expresión «persona que ejerce la prostitución» alude a la definición que la Real Academia Española hace de la palabra prostitución «actividad a la que se dedica la persona que mantiene relaciones sexuales con otras, a cambio de dinero».

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la prostitución o TSC como toda «actividad en la que una persona intercambia servicios sexuales a cambio de dinero o cualquier otro bien» (OMS 1989).

Cómo definiría usted la prostitución?

Si tuviera que sintetizar diría: La prostitución no es el «oficio» más antiguo del mundo, es la explotación, la esclavitud y la violencia de género más antigua que los hombres inventaron para someter y mantener a las mujeres a su disposición sexual. Algunos «progres», sobre todo hombres y «empresarios» de prostíbulos que financian generosamente «corrientes de opinión», están animando últimamente el debate sobre la necesidad de «regular» la prostitución de mujeres. Es decir, convertir esta violencia en una profesión como otra cualquiera para las mujeres. ¿Cómo podremos educar para la igualdad en una sociedad donde las chicas sabrán que en su futuro pueden ser prostitutas, viendo a otras exhibirse en escaparates al estilo del barrio rojo de Holanda, y los chicos sabrán que puede usarlas para su disfrute sexual si tienen el suficiente dinero para pagar por ello?

Esto me lo pregunto como profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León. La prostitución es una forma de explotación que debe ser abolida y no una profesión que hay que reglamentar.

Es una forma de violencia de género: lo que las mujeres prostituidas tienen que soportar equivale a lo que en otros contextos correspondería a la definición aceptada de acoso y abuso sexual.

¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero puede transformar ese abuso en un «empleo»?, al que se le quiere dar el nombre de «trabajo sexual comercial».

Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la labor de varios decenios para mejorar la lucha por la igualdad de las mujeres. Al legitimarla se convierte en un soporte del control patriarcal y de la sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres.

¿Cómo vamos a educar a nuestros hijos e hijas en igualdad con mujeres tras los escaparates como mercancías o es un posible futuro laboral de nuestras hijas? Si reglamentamos la prostitución, integrándola en la economía de mercado, estamos diciendo que esto es una alternativa aceptable para las mujeres y, por tanto, si es aceptable, no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a ser prostituidas. A través de este proceso, se refuerza la normalización de la prostitución como una «opción para las pobres».

¿Qué piensas sobre los hombres que acuden a este clase de servicios?¿Cuál es su perfil y que están buscando de verdad?

Creo que debemos cambiar el foco del debate y centrarlo en los auténticos protagonistas de esta violencia de género: los hombres. Siempre invisibilizados, ocultos tras términos como «clientes», que blanquean su responsabilidad y complicidad en mantener y perpetuar esta forma extrema de violencia de género. ¿Por qué los hombres acuden a la prostitución actualmente en una sociedad como la española donde no hay tal nivel de represión sexual como había hace 40 años? En una época de libertad sexual como la actual, acuden a la prostitución como un ejercicio de poder y sumisión sobre otra persona con la que no tienen que tener ninguna consideración porque la pagan y debe estar a su servicio, convirtiéndola en un objeto de su consumo.

Muchos hombres, en las relaciones sociales y personales, experimentan una pérdida de poder y de masculinidad, y no consiguen crear relaciones de reciprocidad y respeto. Son éstos los hombres que acuden a la prostitución, porque lo que buscan en realidad es una experiencia de total dominio y control. Este grupo de hombres parecen tener problemas con su sexualidad y la forma de relacionarse con el 50% del género humano, que creen que
debe de estar a su servicio. Presuponer que la necesidad sexual masculina es una necesidad biológica que no puede ser puesta en cuestión, similar a las necesidades de nutrición, contradice manifiestamente el hecho comprobado de que las personas, mujeres y hombres, pasan largos periodos de sus vidas sin relaciones sexuales ¡y sin llegar al fatal desenlace que habría tenido la privación de alimento! Los hombres debemos resolver nuestros problemas de socialización para aprender a vivir sin servidoras sexuales y domésticas.

Hay muchas personas que alegan que «la prostitución se da en condiciones de libertad». ¿Cuál es su opinión?

La prostitución jamás se da en condiciones de libertad; nunca es objeto de un contrato de compraventa entre personas iguales en derechos y libertades. No se vende la actividad o el producto, como en cualquier trabajo, sino el propio cuerpo sin intermediarios. Y el cuerpo no se puede separar de la personalidad. Además, sólo alguna afortunada podrá poner «límites», pero la mayoría tendrán que satisfacer a los prostituidores porque pagan (un «cliente» a quien una prostituta le negara un acto sexual particular o una relación sin preservativo, podrá siempre alquilar a otra mujer más necesitada que accederá a su demanda).

El punto de vista según el cual las intrusiones repetidas en el cuerpo y los actos sexuales tolerados, pero no deseados, que pueden ser vividos sin perjuicio es, por lo menos, dudoso. Las mujeres han referido en numerosas ocasiones sus estrategias para terminar rápidamente con el cliente, porque si las prostitutas necesitan y desean el dinero de la prostitución, no desean la sexualidad prostitucional que, en tanto que tal, es una forma de «violación remunerada. Incluso si alguien dice que elige la prostitución de forma libre, ¿podemos considerar una elección libre la explotación y la violencia de género? En nombre de una concepción del ser humano como persona, del bien común y del respeto a los derechos humanos, la colectividad ha juzgado necesario con frecuencia poner límites a la libertad individual (venta de órganos, esclavitud, uso abusivo de drogas, etc.), estableciendo que hay prácticas, por muy libremente que se quiera decir que se han asumido, que van en contra de los derechos humanos más elementales.

No obstante, conviene recordar que los usuarios masculinos de la prostitución no se preocupan de saber si la prostituta consiente y es libre, cuestión que no les inquieta lo más mínimo. En este sentido, no se puede desvincular el tráfico de mujeres con la legalización de la prostitución, porque el tráfico es una consecuencia de la oferta y la demanda que rige el negocio de la prostitución.

Y por último, ¿qué mensaje quiere transmitir el hombre, el profesor y el Presidente Estatal de Hombres por la Abolición de la Prostitución a la sociedad?

Nuestro silencio nos hace cómplices de esta nueva forma de esclavitud y violencia de género. Si queremos construir realmente una sociedad en igualdad hemos de centrar las medidas en la erradicación de la demanda, a través de la denuncia, persecución y penalización del prostituidor (cliente) y del proxeneta: Suecia penaliza a los hombres que compran a mujeres o niños con fines de comercio sexual, con penas de cárcel de hasta 6 meses o multa, porque tipifica este delito como «violencia remunerada». En ningún caso se dirige contra las mujeres prostituidas, ni pretende su penalización o sanción. Es más, provee amplios fondos para servicios sociales integrales, con el fin de que sean dirigidos a cualquier prostituta que desee dejarlo. La prostitución siempre ha existido, dicen. También las guerras, la tortura, la esclavitud infantil, la muerte de miles de personas por hambre. Pero esto no es prueba de legitimidad ni validez. Tenemos el deber de imaginar un mundo sin prostitución, lo mismo que hemos aprendido a imaginar un mundo sin esclavitud, sin apartheid, sin violencia de género, sin infanticidio ni mutilación de órganos genitales femeninos. Sólo así podremos mantener una coherencia entre nuestros discursos de igualdad en la escuela y en la sociedad y las prácticas reales que mantenemos y fomentamos.

*Educar para la igualdad exige romper nuestro silencio cómplice y comprometernos activamente en la erradicación de toda violencia de género

*Gracias por su atención y colaboración!

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