Sistema penitenciario

En los ciudadanos prima la lógica y esta lógica choca irremisiblemente contra decisiones de órganos judiciales que debiendo obedecer a resultados objetivos de análisis y dictámenes, presuntamente objetivos, obedecen, o bien a decisiones interesadas, bien a decisiones adoptadas por personas carentes de preparación para el puesto que ocupan, o bien, a decisiones influenciadas por condicionantes de todo tipo.

Es entonces cuando los ciudadanos no se explican en modo alguno la salida de prisión, en contra de los informes técnicos que aseguran que el recluso no está reinsertado, de un individuo que ha maltratado a su esposa durante veinte años y abusado sexualmente de su hija.

Caducada la orden de alejamiento, orden que está demostrada su carencia total de utilidad y efectividad, la esposa, Ana María Gutiérrez, vecina de la localidad de Laredo, “ no quiere ser una bandera a media asta, o una esquela en el periódico”.

Ante estas situaciones incontables de la Administración de Justicia, en este caso, Penitenciaria, los ciudadanos se preguntan, ¿en manos de quién estamos?

Es evidente que la Administración de Justicia no es independiente por la propia naturaleza humana de su miembros, (condicionantes personales, ideológicos, racistas, psiquiátricos o psicológicos  y de todo orden), pero aún contando con ello  hay resoluciones que, al no tener ni pies ni cabeza, son indigeribles para la sociedad y, concretamente, para la víctima de la excarcelación y puesta en libertad del recluso en cuestión.

No tiene justificación alguna y denota una irresponsabilidad que nunca tendrá una respuesta disciplinaria y sancionatoria. La sociedad se muestra perpleja ante este tipo de resoluciones penitenciarias sin que exista un mínimo de control por parte del órgano decisor.

En orden a las posibilidades de reinserción, las estadísticas son malas consejeras y no dan una idea, ni siquiera cercana o aproximada, en un tema tan delicado como éste: Cada interno penitenciario, es un mundo y  por las facilidades de simulación de muchos de ellos, muchos  reclusos podrían emular a actores sobre un escenario. Es imprescindible que su examen sea realizado por facultativos competentes. Su buen comportamiento durante su permanencia en prisión puede ser una táctica más y no es, en modo alguno, suficiente para una excarcelación.

Es algo evidente, por lo vivido por la propia sociedad, que los condenados por delitos contra la libertad sexual, violencia de género, pederastia  y psicópatas, entre otros, no son reinsertables. Esto no es una falacia, es una realidad que la sufre la sociedad, sin que las instituciones gubernamentales de esa propia sociedad sean capaces de proteger a las víctimas.

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