Retazos de la futura «normalidad»

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Estamos soñando con que la pandemia desaparezca para poder volver a lo que era nuestra vida antes de la entrada en vigor del confinamiento el ya lejano viernes 13 de marzo a las 00:00 horas. Pero por los cambios a que se han visto obligados en muchos sectores, empresas y servicios mucho nos tememos que esa vuelta no será a la normalidad que tuvimos que interrumpir sino a la “nueva normalidad”.

En los servicios públicos lo estamos viendo desde un principio. Las Oficinas de Empleo o de la Seguridad se han visto desbordadas y la única forma de contactar es vía web o teléfono a base de mucha paciencia y persistencia. En la mayoría de los casos, si es que se logra contactar, la solución viene por la vía telefónica o, directamente, para que nos busquemos la vida a través del sector privado, vía abogados laboralistas o gestores.

En la sanidad pública están comprobando que la telemedicina puede ser eficaz para reducir las listas de espera en número de personas y tiempo. Una práctica que se está implantado con la llegada del Covid-19 a marchas forzadas, pero que ha llegado para quedarse. ¿Cuántas consultas se realizaban hasta ahora para que una vez contados los síntomas la solución fuera una semana de unas determinadas pastillas o inyecciones? La solución que dan algunas aseguradoras de salud es que veamos al médico a través de la pantalla de un móvil, tablet u ordenador en esa primera consulta. Si el diagnóstico no necesita de ninguna prueba, el médico que nos atiende diagnosticará según nuestros síntomas y nos hará una receta electrónica. Solo tendremos que ir a la farmacia con la tarjeta sanitaria o la receta que nos haya enviado por e-mail para acceder al medicamento. Si se necesitan pruebas, el especialista nos derivará hacia esos servicios con los que deberemos contactar para fijar el día y hora de la prueba…

Pero en el sector privado también se está aprovechando la oportunidad bajo el paraguas de la pandemia para realizar todo tipo de ajustes de plantilla y funcionamiento futuro. Un ejemplo claro es el sector financiero. Algunas entidades, como el BBVA, con la excusa de evitar desplazamientos de sus clientes a las entidades para evitar contagios, han anunciado que cobrarán por realizar las gestiones en ventanilla; en otras hay que pedir cita previa a través de su web o llamando al asesor financiero… Para todo tipo de operación empiezan a remitir a la web o al cajero automático. Es decir, que hagamos en la calle nuestras gestiones, como el pago de recibos, transferencias, ingresos, etc. Si nos atracan, nos caen chuzos de punta o el cajero no funciona, es nuestro problema. Lo cierto es que cada vez hay menos empleados de banca y menos sucursales. La pandemia lo único que está haciendo es acelerar este proceso en el que incluso ya se está hablando de la desaparición del dinero en efectivo. Caminamos hacia el dinero virtual.

Otro de los aspectos que menos nos ha disgustado en este casi año que llevamos de pandemia es el teletrabajo. Trabajar desde casa ha servido para evitar contagios y a muchos para atender a los hijos que no podían ir al colegio y no había abuelos con quien dejarlos. Pero también nos ha descubierto que nos podemos organizar desde casa mucho mejor, elevar la productividad, o ahorrar tiempo y dinero en desplazamientos y atascos. Muchas tareas se pueden realizar desde casa sin necesidad de pisar la oficina y, si empresario y trabajador se ponen de acuerdo en los costes, esta nueva práctica también ha llegado para quedarse. Las empresas, además, podrán ahorrarse bastante dinero en gastos de luz, agua, locales y oficinas, que no necesitarán ser tan grandes… Pero el teletrabajo también tiene sus detractores porque se pierde la parte social y de contacto profesional del trabajo. Nos hace más individualistas y menos proclives a trabajar en equipo.

¿Nos gustará la nueva normalidad cuando el Covid-19 esté controlado?

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