Mociones de censura en cascada, o cómo un voto vale más que una vida

ines arrimadas

Sufrimos la pandemia y padecemos a nuestros políticos. Este miércoles ha tenido lugar una revolución dentro de los “matrimonios de conveniencia” en algunas comunidades autónomas, con Madrid a la cabeza, el espejo que supone para el resto del país. Todos los ciudadanos conocemos el conflicto en el seno del Gobierno, con un PSOE dependiente de otros para gobernar, y Unidas Podemos con la llave maestra que intenta preservar su espacio para no terminar anulado. España está históricamente acostumbrada a tener a su izquierda dividida.

La irrupción de Vox en el panorama político en las últimas elecciones generales como tercera fuerza del país ha traído la división de la derecha en tres. Algo insólito, pero cierto. De la mano de Vox y Ciudadanos, el PP gobernaba en regiones que había perdido por votos ante el PSOE. Este era el caso de la Región de Murcia y de Madrid. Buscaron un equilibrio necesario, aunque no conveniente, porque Vox muchas veces les ha puesto en la boca del disparadero, hasta el extremo de que, por ejemplo, en Murcia, Ciudadanos ha quedado ninguneado por algunas decisiones políticas que más que sumar les seguían restando votos.

Ciudadanos este miércoles había llegado al límite en Murcia, y junto con el PSOE, enemigo indiscutible en tiempos de Albert Rivera, han presentado una moción de censura tanto al Gobierno regional como al Ayuntamiento de Murcia. Fueron demasiadas las cacicadas en el proceso de vacunación, además del empecinamiento de Vox por implantar el veto parental, como para tener esos compañeros de Gobierno. Así, al menos, lo han explicado los dirigentes de Ciudadanos para explicar la presentación de la moción de censura.

Con este paso empezaba la cascada, tomando el testigo la “todopoderosa” presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la misma que está logrando que miren a todos los madrileños desde el resto de las comunidades con recelo y fobia.  Y antes de que a ella le pasara lo mismo que a su homólogo murciano Fernando López Miras, decidió disolver la Asamblea de Madrid y convocar elecciones a la Comunidad. Aún está por decidir si ella se adelantó a las mociones de censura presentadas, por separado, por Más Madrid de Íñigo Errejón, o por el PSOE liderado por Ángel Gabilondo.

Vox en el momento de escribir este artículo se encuentra presionando en otra Comunidad importante para el PP, Andalucía, para que también adelanten elecciones. Un paso que, de momento, los populares andaluces no parece que quieran dar, pero Vox tiene también la llave y quién sabe si la decisión, convencidos como están de que van a arrasar en cualquier elección a la que se presenten. Incluso la gobernabilidad de Castilla y León podría estar en la cuerda floja, porque el PSOE también ha presentado otra moción de censura.

En los mentideros políticos interpretan que el paso en firme dado por Ciudadanos podría ser la crónica de una muerte anunciada. No contaban que su decisión en Murcia, donde esperan que la futura presidenta sea de su partido, fuera a clavar el cuchillo por la espalda a Ignacio Aguado en Madrid. El vicepresidente madrileño, aun sin creérselo, acusa ahora Ayuso por redes sociales y a todos quienes quieran escucharle de mentir (lo escribe con mayúsculas en Twitter), mientras se siente engañado por la presidenta madrileña, él que era su mano derecha, su vicepresidente.

En Murcia se encendió la mecha y nadie sabe en qué parte del mapa del país pueden terminar estallando todas las cargas de profundidad que llevan meses y meses acumulando pólvora. Ayuso podría convertirse en la gran pirómana, porque ni en Andalucía, ni en Castilla y León ni tan siquiera José Luis Martínez Almeida en el Ayuntamiento de Madrid quieran divorciarse oficialmente de Ciudadanos. Como siempre la política popular va por libre, contra viento y marea, como ocurre con todas sus medidas de lucha contra el Covid. Muchos la auguran mayoría absoluta, pero si no lo consigue, y si Vox sigue avanzando, podría haber caído en su propia trampa. El resultado de Ciudadanos en Madrid, de celebrarse el 4 de mayo las elecciones, podría terminar siendo su sepultura definitiva. Ya le pasó a la UPyN de Rosa Díaz. En esta ocasión, otra mujer, Inés Arrimadas tal vez no haya sido capaz de calibrar las consecuencias de la decisión tomada en Murcia.

Mientras, el PSOE madrileño y por extensión el secretario de Organización socialista, José Luis Ábalos, no se esperaban una reacción tan inminente en Madrid. Ángel Gabilondo reconocía tener motivos más que suficientes para presentar una moción de censura por todas las barrabasadas que estaba haciendo la presidenta madrileña, pero no con los votos suficientes para sacarla adelante. De haber sabido antes el cambio de tercio en las filas de Ciudadanos otra cosa hubiera sonado. Tampoco puede contar mucho con sus socios por la izquierda, dado que Unidas Podemos y Más Madrid están a la greña.

En cuanto al PP, Casado quería alejarse de Vox, mientras pensaba en la “intimidad” fagocitar a Ciudadanos, pero sus pretensiones se han estrellado por su compañera de partido, Isabel Díaz Ayuso. Si como en Cataluña, el PP se descalabra en Madrid, o si su dependencia de Vox sigue en aumento, con Luis Bárcenas contando con pelos y señales en los Tribunales lo que ha hecho el PP desde Aznar en adelante, tal vez Pablo Casado pueda tener los días contados a partir del 4 de mayo. Los ciudadanos decidirán.

Toda esta convulsión política pone de manifiesto que los partidos políticos siguen a lo suyo, sin importarle un ápice los ciudadanos. Ahora que se necesita dejar aparcadas las ideologías más que nunca y trabajar hombro con hombro, nuestros políticos demuestran que les importa más un voto que una vida. Eso es la política. Aunque no nos venga bien a los ciudadanos, porque este no es el momento, en plena pandemia.

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