Mayores al volante

No se trata solo, que también, de hacer renovaciones de permisos de conducir con más frecuencia para personas mayores, sino de establecer un reconocimiento médico completo, que no se reduzca a la rutinaria revisión de la vista, el oído y al simulador de  circular por una carretera con curvas y, además, de establecer una edad tope para realizar esa renovación.

Hay que ser riguroso porque hay vidas en juego y los “accidentes” con conductores mayores se suceden.

Los mayores  pueden hacer muchas cosas y realizar actividades muy diversas, pero por muy bien que la persona interesada diga que tiene todas su facultades para conducir, eso no es real y, además, la persona interesada no es la indicada  para autoevaluarse.

Sus reflejos no son los mismos, porque por su propia naturaleza no pueden serlo,  su capacidad de reacción y concentración tampoco lo son y sus posibilidades de desorientación han crecido notablemente.

El deterioro orgánico, a estos efectos, es evidente.

Lo que ocurre es que la persona quiere aferrarse a mantener el permiso de conducir “a toda costa” porque en ello “le va la vida”:

Craso error psicológico el de unir el permiso de conducir a la consideración personal de estar, o no estar, “terminado”.

No se  trata de asociar la vejez a la imposibilidad de conducir, por cuanto, por la propia naturaleza humana,  cada edad es la propia para una serie de actividades y lo contrario es ir “contra-natura”, con las consecuencias que esa irresponsabilidad, conlleva y puede conllevar.

Es muy difícil, preparar una oposición a partir de una edad determinada porque el cerebro no “registra” con la misma facilidad; es muy arriesgado coger un bisturí a partir de cierta edad, porque el pulso no es el mismo,  y así, un largo etcétera, que no imposibilita la vida de personal alguna, pero cuyo desarrollo natural va dejando carencias que pueden resultar fatales para uno mismo y para la sociedad.

A partir de esa edad, “se sigue en el mundo“ y depende de la personalidad del individuo su adaptación a sus  nuevas situaciones y condiciones.

Un ataque epiléptico provocó recientemente que un conductor perdiese el control de su vehículo, siendo evidente que la causa u origen de ese ataque, la patología previa, no se evidencia en el rutinario reconocimiento médico para la renovación del permiso de conducir; y recientemente murió en accidente de tráfico un conductor de cien años. Son dos casos entre otros muchos, que se producen asiduamente, y es autoengañoso, temerario e irresponsable pensar “a mí eso no me pasa, no me va a pasar”.

 Fuesen cuales fueran las circunstancias de los hechos en ambos casos, entre otros muchísimos, es evidente que la propia sociedad tiene que prever lo evitable, ya que el desarrollo cognitivo y orgánico, además de las patologías previas, es el que es en cada caso.

Y a falta de responsabilidad en los conductores, es el legislador el que tiene la obligación de intervenir. Esta decisión puede no ser “políticamente correcta” para los intereses de los legisladores, pero sí es una irresponsabilidad permitir que personas de avanzada edad manejen vehículos a motor, poniéndose en riesgo ellos mismos y a la propia sociedad.

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