La «entrevista» al dictador

La SER fue la emisora del anterior dictador, y ahora lo es del dictador Sánchez. Cuando Sánchez necesita que le pregunten lo que él quiere, para contestar lo que a él le interesa, la emisora cumple su cometido de acuerdo a lo ordenado y a la fácilmente presumible compensación. Parece evidente que a la cadena SER le van muy bien las dictaduras y sus dictadores.

El enajenamiento, la psicopatía, el narcisismo de Sánchez no es de ahora, sino que ahora se agudiza por temor a perder los “lujos y privilegios del poder“.

Ahora, su cohorte de palmeros ha construido una “realidad española paralela” que separa al dictador Sánchez de la realidad de la calle, por la que intenta no transitar para no escuchar las continuas protestas y abucheos de los ciudadanos que le exigen que, desde su atalaya, oiga sus problemas y necesidades, su ruina. Desde su atalaya,  el dictador Sánchez, no oye, no siente. En la pandemia, el dictador Sánchez también ignora a los expertos, a los especialistas: ”Él y solo él, es la verdad“.

El dictador, Sánchez, solo vive para su propia imagen.  Ni siquiera los miembros de su partido, como en Francia, son valientes para decir al dictador ¡¡basta ya Sánchez!! Sus escaños y privilegios, pueden más que los ciudadanos, que España. Son cobardes que solo hablan cuando ya han dejado sus escaños y privilegios.

Desde la falsa atalaya en la que le tienen sus lacayos para poder seguir, unos y otros, exprimiendo a España, observa un gobierno “por la gracia divina”, como Napoleón.  

Esos aduladores interesados han deshumanizado a su “dios”, para que observe un mundo irreal, para que su “dios” Sánchez, lo observe como obra idílica suya y en ese ardor, autocomplacencia y “elevación” ignora y no le afectan los gritos, pitos y abucheos de los ciudadanos a los que arruina. Para el dictador, desde su atalaya mental, estos gritos son el populacho desagradecido. Él es el más grande, más guapo y más benévolo. No entiende cómo la calle no le adora a su paso en su vehículo de alta gama blindado y cristales tintados. “Es lamentable la polémica” porque él, “dios”, no se equivoca. Su soberbia guía sus pasos y sus palmeros le reverencian.

Encarna el desgobierno de España en beneficio de sus arcas propias y de las de sus lacayos a cambio de servilismo. Necesita patológicamente halagos, reverencias, fotos, entrevistas amañadas. Ser centro continuo de atención. Las responsabilidades ensucian su imagen y se esconde. Por eso las decisiones dependen unas veces de Bruselas y otras de las Comunidades, pero nunca de él y cuando alguien le contradice le ataca como “un elefante en una cacharrería”: “Que nadie ose contradecirle porque puede terminar en las “cloacas.”. 

Ese psicopatismo, esa soberbia y ambición patológicas, son las que gobiernan a los españoles y, como dice, Jorge Vilches, (VozPopuli), “mientras tanto la vida real, sigue pasando. Es otro nivel de existencia”. El creado por sus lacayos a la imagen del dictador, de su “dios”.

Y mientras tanto, los españoles aguantan sufriendo, porque lo aguantan todo, y el dictador lo sabe o se lo fabrican.

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