José María Aznar: pío, pío, que yo no he sido

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José María Aznar está de celebración: se cumplen 25 años de su victoria electoral, en la que llevó al PP a gobernar por primera vez en la recuperada democracia española tras la dictadura. Jordi Évole ha conseguido entrevistarle y, pasados 16 años desde que dejó La Moncloa, el expresidente se proclama inocente de todo lo que le ha pasado a su partido, y se apunta la medalla de ser el único que logró llevar a España a lo más alto económicamente.

Aznar está convencido de que los españoles somos tontos, o que se nos han olvidado todas sus andanzas por la política. Los tribunales han venido a demostrar que la caja b del PP existe, y que comenzó a engordarse en su época, con sobresueldos anotados a mano por Bárcenas. Numerosos ministros de Aznar los cobraron, aunque aún quede por despejar a ciencia cierta quién era “J. M.”.  Lo del 0,3% de Jordi Pujol estaba generalizado, pero las empresas “amigas” del partido de Aznar dieron suculentos “regalos monetarios” a cambio de obras y servicios en los territorios donde el PP gobernaba. Y no sólo para pagar campañas electorales, o reformar la sede del partido, sino para dar sobresueldos a altos cargos de la cúpula.

Como Esperanza Aguirre (a la que Bárcenas acaba de reconocer ante el juez que la entregó un sobre con 60.000 euros en 2007), también de su misma época, su actual lectura de lo que pasó es negarlo todo. Esa es la máxima hasta de los maridos pillados infraganti. Y no importa que en los tribunales de Justicia haya multitud de sentencias que digan todo lo contrario. Vamos, vino a decir, ¿cómo va a mentir un presidente del Gobierno? Pues muy sencillo, mintiendo.

Lo que ya no nos vale, porque a él tampoco le valía cuando le pasó a Felipe González, es que diga que como presidente del Gobierno no puede controlar a los miles de políticos, asesores, colaboradores… que trabajaban para él. Si tú eres el que nombra, debes saber de la honorabilidad y honestidad de cada uno. Pero había muchas ranas, como le pasó a Esperanza Aguirre, en la charca, y mientras su presidente estaba encantado de conocerse a sí mismo, y le tenían más miedo que obediencia, mientras crecía su narcisimo y se volvía un ególatra, comenzaron a saltar cada vez más alto, por si acaso el jefe decidía de un día para otro, y sin saber porqué despedirles.

Amigos desconocidos, todos ellos pertenecientes a la trama Gürtel o a la Púnica y, casualmente, vinculados al PP, desfilaron por los pasillos del Monasterio de El Escorial para asistir a la boda de su hija, pero él ni los conocía, pese a sus regalos suculentos. Y, al parecer, podrían haber ido por la parte del novio, la familia Agbar… Sí, sí, de verdad que lo ha dicho. Es más, hubo lista de espera porque todo el mundo quería ir a la boda de su hija dada la talla mundial del padre de la novia. Sí, sí, de verdad, lo ha dicho.

A medida que se iba desarrollando la entrevista, creía que a Aznar le iba creciendo la nariz. No sé si eran por los enfoques desde debajo de la cámara, o los perfiles en semipenumbra o los planos cortos de sus labios, ya sin bigote. Pero le crecía la nariz.

Y en este hagan juego, a ver cuál es la mentira más grande llegamos al 11M. Él y su ministro de Interior sólo dijeron “la verdad”, lo que le acababan de contar desde el Ministerio de Interior, el CNI, o la Guardia Civil. Y erre que erre, como entonces, convencidos de que era ETA; y erre que erre, que pío, pío, que yo no he sido. Esta periodista que les escribe, ese día hablaba con fuentes próximas a portavocía de Moncloa mientras Aznar hablaba con los directores de los periódicos, y de verdad, me describían Moncloa como las víctimas del desastre que acababan de perder las elecciones porque las bombas eran árabes, no etarras. ¿Cómo es que los asesores sabían más que sus propios jefes, que lo que sabía hasta el mismísimo presidente del Gobierno?

Creo que a base de mentir sobre la caja b, el 11M, la Gürtel, la Púnica, Bárcenas, Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid y las decenas de casos que aún esperan sentencia de los Tribunales, han terminado por creerse sus propias mentiras. Pero lo que no saben es que los españoles estamos hartos de que nos mientan. Y que se nos están hinchando las narices de ver cómo les crece la nariz a muchos de nuestros políticos…  Aznar, el mayor pinocho, porque para eso fue presidente y creía controlarlo todo y a todos.

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