España se va por el desagüe

España necesita un cambio de gobierno, o se va por el sumidero. Las dictaduras comunistas o socialcomunistas ya tienen demostrado que solo traen pobreza para el pueblo y riqueza para sus gobernantes. Los españoles son apáticos y perezosos, pero cuando les aprietan sus necesidades y derechos saben protestar votando, salvo que los comunistas o socialcomunistas intenten dar pucherazo y por ello los españoles tienen que estar muy atentos a estas tentativas que ya demostró Sánchez, detrás de la cortina, en el Comité Federal del partido, que es una de sus especialidades.

Y ante este panorama de crisis de valores, desprestigio de las instituciones, pucherazos, alienamiento mental, pensamiento único, censura, compra de medios de comunicación, intervención de organismos públicos, entre otros muchos, la derecha política no tiene líder, porque el que tiene está llenos de “egos”, “complejos” y, además, muy manejado por los ambiciosos que le rodean.

Estas condiciones personales impiden que ese líder sea gobernante y que tenga la fuerza necesaria para enfrentarse a un dictador. Mientras el dictador maneja su poder con trampas, maniobras y mentiras, no se le puede contestar con discursos manidos, ni florituras, sino con la misma fuerza y descaro que el dictador está utilizando.

No se puede maltratar a la fuerza política que es obligada compañera en los pactos políticos porque no se puede “entrar al trapo” del dictador. Eso es una torpeza “de libro”. No se puede despreciar inexplicablemente a unos de los pocos valores incuestionables que tiene el PP, porque “piense que le quita protagonismo y poder”. Eso es una “infantilada” de tal calibre que le descalifica, por sí sola, para seguir al frente del partido.   No se puede entrar en el juego del dictador, no se puede “entrar a su trapo”.

Casado ha hecho mucho daño al PP y, por extensión, a España, y por ello es imprescindible que dé un paso a un lado y deje sitio a un líder que ponga orden en Génova, sin controversias inexplicables que suponen “pegarse un tiro en el pie” y, a su vez, transcienden a la calle con el componente negativo que conllevan para el partido que conllevan.

Es imprescindible tener un asesor de imagen, de programación y estrategias. La derecha española solo tuvo uno, y nunca estuvo en Génova y ahora está en la Puerta del Sol.

En estas condiciones, el Presidente del Partido Popular, si piensa en España y su prioridad es España,  tiene que hacer autocrítica, olvidarse de los “palmeros” que le rodean, falsos consejeros, liberarse de sus egos, reconocer sus errores y dar un paso a un lado para facilitar que un líder o una líder, que los hay, haga del partido Popular ese partido que necesita imperiosamente la derecha política española.   

Con un dictador no valen componendas, “medias tintas”, “galanterías”, ni pelos en la lengua y, sobre todo, “no entrar a  su trapo” y Casado lo hace todo ello constantemente, y el dictador lo sabe. El dictador no tiene oposición en Pablo Casado.

Y no hay en el partido Popular nadie solvente, ni independiente que le diga a Casado que se retire, porque todos se rigen por una “lealtad” mal entedida, que es sumisión.

España se asfixia y los únicos que no lo quieren ver son los que pretenden que el dictador les permita seguir aprovechándose de ella  hasta que la agoten.

Pablo Casado debe dimitir ya y dejar paso a un líder que sepa levantar a un Partido Popular para sacar a España de la escombrera donde el dictador la está dejando.

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