España enferma, quebrada, arruinada

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La pandemia se nos lleva por delante, mientras nuestro políticos hacen cálculos electorales.

¿Es que España es el único país de la Unión Europea donde vale todo para que cualquiera pueda venir a  hacer su “Agosto particular“ a costa de los confiados?

Vale ya de que nuestro políticos  se fijen antes en sus fines particulares y partidistas que en los intereses de los ciudadanos.

“¡¡Que antepongan los intereses del país a los suyos propios!!”, reclaman Isidro Fainé de la Fundación la Caixa, Goirigolzarri de Bankia, Juan Roig de Mercadona, con miles de puestos de trabajo creados a sus espaldas y otros muchos más.

Todos ellos reclaman a la racionalidad de los políticos para que descarten ideas extravagantes y ya superadas y estén a la altura de sus responsabilidades políticas, con el fin de salir todos juntos de esta situación agónica de pandemia.

Hay algo evidente que solamente no ven los que no quieren verlo y es que, sólo el empresariado crea puestos de trabajo y hay que contar con las empresas. El Estado, ni sabe, ni sirve para eso porque no es lo suyo. El Estado ni tiene imaginación, ni facilita o promueve progreso personal. Crear funcionariado no es crear puestos de trabajo y una economía funciona cuando hay empresas, cuando hay creatividad, imaginación y no pensamiento único. De eso el Estado no sabe nada y menos gestionarlo.

La actividad empresarial, la inversión, exigen seguridad jurídica, por cuanto la arbitrariedad y la desigualdad son las peores compañeras de viaje de esa actividad empresarial con la que se consigue el funcionamiento del sistema económico que crea industria y puestos de trabajo.

El desplome de la economía por la pandemia es algo evidente, y los llamados “repuntes” a los que aludió recientemente la Ministra Calviño,  rayan en lo  ofensivo para una sociedad que lo está pasando muy mal.

Basta de demagogias. La colaboración público-privada se hace imprescindible.

No se puede permitir el cierre, ni  temporal, y menos definitivo de empresas y hay que encontrar el punto medio del equilibrio entre salud y economía. Hay que hacer las dos cosas, porque sin salud no se puede comer, pero sin comer, no hay salud. Hay que ser sensibles y tener en cuenta y administrar los dos objetivos.

El Gobierno tiene que gestionar las dos cosas, la pandemia con la economía y quien no sea capaz de verlo así que se aparte del camino y no estorbe, porque lleva al país a la ruina, a no ser que esa ruina le interese a sus fines particulares.

Y esa ruina agónica se acrecienta con la escasez de sanitaros e investigadores de los que, sabido es, muchos de ellos se ven obligados a emigrar a otros países en busca de esas oportunidades de medios y estabilidad que en España se les niega  permanentemente.  Es una de las grandes asignaturas pendientes de todos los gobiernos de España.  Donde no llega la iniciativa privada, es el momento de la administración pública.

Ahora, en esta situación pandémica, la sociedad se acuerda de los sanitarios y científicos  y los gobernantes en España nunca lo han sabido ver. 

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