Dictadura franquista, dictadura sanchista

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez lleva la dictadura en la sangre. Votado Presidente, incorporó su dictadura al poder conquistado.

El histrionismo, el  egocentrismo, entre otras de sus características de su personalidad, son evidentes en cada una de sus manifestaciones y gesticulaciones.

En respuesta a un varapalo judicial, como soberbio que es, cuando no salen la cosas conformes a sus deseos, ordena poner las  “creaciones”  Iván Redondo en funcionamiento para tapar un fuego con otro más grande y desproporcionado que intente taparle el primero, pero solo ha conseguido que quede evidente su dictadura, su poder dictatorial.

Ha triunfado, como es lo habitual en el ejercicio de su poder, su imposición sobre el diálogo. A un varapalo judicial, consecuencia de una chapuza de Illa y Simón, ha respondido con la intervención de la Comunidad de Madrid, mediante  una orden desproporcionada con las cifras en la mano y comparativamente hablando, ya que los números son los que son, si no se les disfraza y manipula por el Gobierno, porque esos números se los proporciona la Comunidad de Madrid al Ministerio de Sanidad.

Otra pataleta descomunal y sin sentido del individuo que gobierna España.

Ha pervertido la utilización de un instrumento Constitucional para burlar un pronunciamiento judicial adverso  (¿fraude de Ley? ). Algo connatural al ejercicio de  su poder dictatorial.

Podría ser que en sus planes estuviera la modificación del artículo 117 de la Constitución (Título VI Del Poder Judicial), para que el texto legal dijera que “la Justicia emana de Pedro Sánchez y se administra en nombre de Pedro Sánchez“. Esto sería el culmen de su ambición.

Castiga a los madrileños por no haberle votado. Reacción anómala, por lo menos, e  impropia de un gobernante. Todo en Sánchez es falso, todo mentira, todo engaño, todo maniobra maquiavélica.

Patético en un gobernante, con un pueblo que sufre sus continuos desmanes porque, impotente antes las argucias de Pedro Sánchez, no tiene más remedio que agachar la cabeza y obedecer.

“No mires, no preguntes, no pienses, simplemente obedece, el Estado, que soy yo, lo hago por ti“. Estos son sus principios, el comunismo, pero el comunismo  para el pueblo, no para él ni para sus palmeros.

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