Cátedras heredadas

“La plaza es para una amiga.” Un Juzgado obliga a la Universidad Complutense a repetir la entrevista a un Profesor aspirante, por vulnerar el principio de igualdad, presiones e irregularidades en todo el proceso”.  (elDiario.es)

Es vitalicia la “norma” que “manda“ en las Universidades, que las Cátedras pasen de padres a hijos y allegados, las plazas de Profesores titulares, Agregados, Adjuntos Ayudantes, estén determinadas de antemano por “acuerdo” entre los miembros de los claustros interesados.

Se trata de una corruptela que invade las universidades españolas desde tiempos muy lejanos, y es una corrupción universitaria que se ha mantenido a los largo de los años, por los intereses corporativos de catedráticos y Jefes de Departamentos, cuyo corporativismo rebasa todas las líneas rojas de la moralidad y ética académicas.

No existe forma de concursar a un puesto académico universitario si el aspirante no pertenece al “cónclave” universitario, que es quien decide, méritos y valores, al margen de quién gana cada plaza académica o Cátedra.

Las maniobras “fraudulentas” de esos miembros de los “claustros o cónclaves” son cotidianas y son “costumbre” establecida, admitida y asentada, con los “Vistos Buenos” de Decanos y Rectores.

Los aspirantes “favoritos” siempre pertenecen a  “sagas” familiares o amistosas  y las pruebas de acceso a dichas plazas son “calificadas” con unos criterios tan “subjetivos”, que hace que la imparcialidad y objetividad “brillen” por su ausencia.

De tal forma que el aspirante que viene de la “calle” carece de posibilidad alguna de acceder a cualquiera de esas plazas, ya que la Reclamación Administrativa y, en su caso, la Contencioso Administrativa, no tienen opción alguna de valorar la “entrevista personal” , que es, finalmente, el “coladero” de los allegados.

La indefensión del aspirante “de la calle” es absoluta. 

Los Departamentos, con los catedráticos o Jefes de Servicio , a la cabeza, son cerrados.

Los principios de igualdad, mérito y capacidad  no existen, ni, por consiguiente, se aplican y los aspirantes favoritos saben que tienen el “camino despejado” para culminar su objetivo.

Los claustros se sienten impunes y esta fraudulenta forma de actuar es ancestral, con la complicidad de Decanos y Rectores.

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