España alcanza el récord histórico de deuda pública de 1,31 billones de euros

deuda pública

El Banco de España acaba de confirmar un nuevo incremento del 0,23% de la deuda de todas las Administraciones Públicas en enero, lo que eleva lo que debemos los españoles a 1,314 billones de euros. Un 117% más que la propia riqueza nacional.

La justificación no es otra que continúa la caída de los ingresos y siguen en aumento los gastos por culpa de los efectos económicos del Covid-19.

De esta forma, la deuda del Estado se situó en 1,169 billones de euros, lo que supone un 10,4% más que en enero de 2020. En esta evolución destacan los 24.000 millones registrados por lo que se denomina “otras unidades” de la Administración Central (organismos autónomos o sociedades estatales), cuya deuda se ha reducido un 15,7% en relación a un año antes.

Entre los gastos que más han incrementado la deuda pública, destacan los realizados por la Seguridad Social que ha elevado un 55,1% sus aportaciones a los ciudadanos con respecto a enero de 2020, es decir, hasta los 85.000 millones de euros, como consecuencia no solo del pago de las pensiones sino también de los ERTE y exoneraciones de cuotas.

Por lo que se refiere al gasto de las Comunidades Autónomas, en enero de 2021 se registró un incremento interanual del 2,5%, hasta situarse en los 303.000 millones de euros, mientras los ayuntamientos redujeron un 4,8% su deuda al registrar unos gastos de 22.000 millones en el primer mes del año.

Ante los datos del Banco de España los ciudadanos esperan una respuesta por parte del Gobierno para reducir la deuda pública que de seguir este camino hipotecará a generaciones para los próximos lustros. De momento el equipo económico dirigido por Nadia Calviño está preparando la estrategia que seguirá España para recuperar los niveles óptimos cuando la economía recupere la normalidad. Sus planes deberán ser entregados a Bruselas el próximo mes de abril.

La situación ha cambiado radicalmente. Como el Banco de España ya no tiene la potestad de tirar de la máquina del dinero, ha cogido el relevo el Tesoro Público que, a lo largo de 2020 y unido a sus planes para 2021 de subastas de letras y bonos, han puesto cantidades ingentes de títulos de deuda pública en los mercados. Muchos de ellos se los ha comprado el propio Banco Central Europeo. Una muestra de que como los ingresos no llegan se ha tenido que recurrir a los mercados -tanto nacional como internacionales- para financiar las necesidades de los servicios públicos. Menos mal que los tipos de interés están bajo mínimos, porque si no la deuda pública sería significativamente superior.

En esta nefasta situación para la economía española, el único punto positivo son las condiciones favorables del mercado y el ahorro que supone en el pago de intereses por la deuda contraída.

Pero la situación no se puede mantener, sumando mes tras mes registros históricos de deuda pública. Los mercados internaciones llegará un momento que dejen de apostar por la deuda española, sobre todo cuando el BCE deje de adquirir la compra de activos. La única salida es que el Gobierno presente un plan creíble que lleve tranquilidad a los mercados. Dicho plan debe centrarse en reducir la deuda, no en seguir elevándola, algo que el Covid, de momento, no permite ante la crisis económica en que nos estamos adentrando, con cierre masivo de pequeñas y medianas empresas, y despidos colectivos que han llevado al paro a más de cuatro millones de trabajadores. Hasta que el PIB no empiece a crecer y se mantenga a un ritmo constante va a ser difícil que cambie el horizonte. Gran parte de la esperanza del Ejecutivo se encuentra en la campaña de vacunación y en que se pueda recuperar la normalidad cuanto antes.

España cuenta a su favor con el dinero que nos va a dejar Bruselas a través del Fondo de Recuperación. Los proyectos presentados por empresas y sectores están en pleno análisis para cuando llegue el dinero prometido. El Gobierno cree que cuando esos 140.000 millones lleguen podrá ser el comienzo de la recuperación. Y a partir de ahí, Calviño deberá poner sus esfuerzos en la consolidación fiscal, empezando a reducir la deuda, maximizando los ingresos, y reduciendo poco a poco los gastos derivados de la crisis sanitaria y económica.

Calviño deberá trabajar en contra de las previsiones catastrofistas de la mayoría de los organismos internacionales que aseguran que la deuda española podría alcanzar entre el 128% y el 135% hasta 2025 (frente a más del 117% del pasado enero), como ha asegurado el FMI, una visión compartida también por el BCE y la Comisión Europea, que ven difícil de que España logre reducir su deuda pública, siendo una de las economías que más verán crecer este parámetro por culpa de la pandemia.

A corto plazo la política de Calviño deberá centrarse en la consolidación fiscal. Demostrar que empieza a controlar la situación. La vicepresidenta económica deberá convencer a los ministros que más gasto social registran para frenar el gasto. Pero, además, contar con el máximo apoyo político de sus planes. Se trata de ganar credibilidad en los mercados e instituciones internacionales.

Desde Bruselas no han visto con buenos ojos que en plena crisis el Ejecutivo haya decidido subir las pensiones y los sueldos de los funcionarios en 2021 con la que está cayendo y los continuos récords de deuda, mientras el esfuerzo fiscal para ayudar a los afectados por el Covid nos lleva casi al final de la lista de los países europeos. Numerosos sectores dan fe de esta situación al esperar todavía que les llegue algún tipo de ayudas. La mayoría solo cuentan con promesas sin que les esté llegando ni un euro que les ayude a sobrevivir, mientras los expertos aseguran que el tejido productivo ha quedado muy tocado.

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