Camino de Santiago: encontrarse a uno mismo

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Freud descubrió el significado del subconsciente a través del Psicoanálisis para enfermos que no mostraban síntomas o cuadros clínicos para el malestar o actitud que mostraban y esto llevó en España a la Medicina Psicosomática (Profesor Sancho Rof), que fue el que introdujo el Psicoanálisis.

Podría decirse, en una definición muy simplificada, pero descriptiva, que el Psicoanálisis es la búsqueda y la obtención, a través de la conversación con el enfermo, de la primera causa o motivo  inicial del malestar o comportamiento anómalo y sufrimiento del enfermo, ya que las sucesivas reacciones o dolencias, solo constituyen las consecuencias o anecdotario de ese primer motivo o causa, que permanece oculto en su subconsciente y que, por diversos motivos, no afloran voluntariamente a su consciente, por lo que tampoco se suelen hacer constar en una historia clínica.

Por su parte, el Camino de Santiago, símbolo por excelencia de la Cristiandad, es la peregrinación al sepulcro del Apóstol Santiago, entre otras muchas razones, para encontrarse a sí mismo, haciendo un alto en ese otro camino que es la vida, poniendo  en orden las ideas, analizarlas en su propio contexto y perspectiva y examinarlas en toda su profundidad. Los vericuetos del terreno, su ausencia de comunicación, salvo con los compañeros de peregrinaje que surgen de cada recodo del terreno y otras muchas vicisitudes propias del peregrinaje, contribuyen a ello.

El peregrino encontrará “piedras” que deberá apartar y “cuestas” que habrá de superar, que constituyen las piedras y cuestas de la vida, de su vida, y todo ello le podrá llevar a volver a  ser él mismo.

Y es este punto en donde se encuentran el Camino de Santiago y el Psicoanálisis.

Jesús Sánchez Adalid, en su novela “El alma de la ciudad“, ha descrito de forma muy sencilla y magistral, porque lo sencillo lleva a lo magistral, la desesperanza de la vida de su personaje, cuyas oportunidades ha desperdiciado por vicios, debilidades y deslealtades, y necesita explayarse con sus compañeros de peregrinaje, para liberarse de muchos “tormentos” que le asfixian, impidiéndole volver a ser él mismo.

Siente necesidad imperiosa de hablar y desahogarse para poder volver a sentir lo que un día, hace muchos años, sintió y son sus propios compañeros de viaje los que le invitan a contar y desahogarse de cuanto le oprime, ayudándole a apartar de sí mismo la angustia vital que le invade y asfixia por los errores cometidos y la decepción por su deslealtad, al dejarse vencer por los caprichos y la abundancia. Como dice el Psicólogo Roberto Muelas, las identidades se fusionan al peregrinar.

Su carácter ha sido débil y ha sido su peregrinación el que le ha abierto la mente para verse a sí mismo con sus virtudes y carencias.

Esta sintomatología es la que ofrecen muchas personas que caminan por la vida con “mochilas” que condicionan su vida, y se sienten prisioneros de arrepentimientos y traumas que les asfixian y les hacen ser distintos a como realmente son.

Sánchez Adalid en su novela muestra a su personaje en su confrontación entre la supervivencia con la apetencia y tentación del poder y opulencia, rechazando sabios  consejos que le muestran todas sus autocomplacencias, para las que no tiene otra defensa o justificación que el mero hecho de ser hombre, lo que le ha llevado a dejarse llevar por los condicionantes ampulosos de la vida, hasta su fracaso personal y para cuya asfixia, busca la salida que, solo el autoexamen y el perdón del Santo Apóstol,  le pueden proporcionar.

Como dice el autor, “es la descripción del hombre en su camino, la elección de la fidelidad o una libertad”.  

Alguien escribió que, en sus casos, el Camino de Santiago es un tratamiento psicológico.  

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