Calentamiento global: Países y perspectivas

calentamiento global

El calentamiento global se hace cada día más presente en nuestra cotidianidad. El último llamado de atención lo tuvimos con los incendios forestales en Alicante y Castillón. Presentamos los posicionamientos de distintos países. ¿Cómo afecta la parte al todo?

Hace años venimos leyendo acerca del calentamiento global. En sus comienzos, sonaba un poco a futuro distópico y ciencia ficción. Con el breve paso de los años, notamos sus repercusiones cada vez más cerca. Ante los últimos incendios forestales, que duplican la cantidad de hectáreas quemadas en relación a los números del año pasado y, teniendo el record en alta temperatura ese mismo 2021, con 47,6ºC (registrado en Córdoba el 1 de agosto de 2021), no podemos menos que comenzar a tomar cartas en el asunto medioambiental.

El calentamiento global se constituye por la absorción de la energía solar por parte de la tierra. La tierra al calentarse desprende calor a la atmósfera en forma de rayos infrarrojos. Sin embargo, parte de este calor vuelve a ser remitido a la superficie terrestre y la consecuencia es el recalentamiento de la misma. Si bien, este es un proceso natural del planeta, nuestras prácticas humanas han generado una aceleración y un progreso inusitado hasta el momento. En este aspecto, las políticas de los países, su cooperacionismo o su falta de voluntad de trabajo en conjunto tiene sus consecuencias globales.

El efecto invernadero

Denominamos “efecto invernadero” al fenómeno de calentamiento que se produce cuando ciertos gases de la atmósfera de la Tierra retienen el calor. Estos gases dejan pasar la luz pero mantienen el calor como las paredes de cristal de un invernadero de vegetales. Los científicos conocen el efecto invernadero desde 1824, cuando Joseph Fourier calculó que la Tierra sería más fría si no hubiera atmósfera. Este efecto invernadero es lo que hace que el clima en la Tierra sea apto para la vida. Sin él, la superficie de la Tierra sería unos 60 grados Fahrenheit más fría. En 1895, el químico suizo Svante Arrhenius descubrió que los humanos podrían aumentar el efecto invernadero produciendo dióxido de carbono, un gas de invernadero. Inició 100 años de investigación climática que nos ha proporcionado una sofisticada comprensión del calentamiento global.

El protocolo de Kioto

A partir de la década del ’90, los cambios climáticos comenzaron a hacerse notar y formar parte de las agendas de los gobiernos nacionales. En 1997, los gobiernos acordaron incorporar una adición a la Convención conocida con el nombre de Protocolo de Kioto que cuenta con compromisos jurídicamente vinculantes de reducción o limitación de emisiones. Este Protocolo entró en vigor en febrero de 2005, y establece, por primera vez, objetivos de reducción de emisiones netas de gases de efecto invernadero para los principales países desarrollados y economías en transición, con un calendario de cumplimiento. Las emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados deberían reducirse al menos un 5 % por debajo de los niveles de 1990 en el período 2008-2012, conocido como primer período de compromiso del Protocolo de Kioto.

Actualmente, 180 países se han comprometido a cumplir con estos acuerdos medioambientales de modo global. Entre los países que NO están dentro de la enmienda se destacan las dos superpotencias económicas Estados Unidos y China.

La basura, el plástico y el reciclaje

Durante las últimas dos décadas del siglo pasado y la primera del corriente, China fue el mayor importador de residuos a nivel global, pudiendo capitalizar y reciclar gran parte del desperdicio del resto de los países, entre los que figuraban en primeros puestos los pertenecientes a la Unión Europea. El problema se presentó cuando los índices de contaminación ambiental comenzaron a sobrepasar los de los beneficios económicos. En 2017, el país asiático inició la restricción de ingreso de la basura mundial para el reciclaje y, en 2021, finalmente, cerraron las puertas para este tipo de comercio. Desde entonces, la basura es un dolor de cabeza de cada gobierno en particular.

En España, se calcula que cada persona produce 486 kg de basura anualmente y, a nivel nacional, se computa una media de 137,8 millones de toneladas de residuos, según los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2018. Ese mismo año, se registró un reciclaje de 47,2 millones de toneladas, lo que representa menos del 35 %. Aquí surge la pregunta, ¿qué sucede con el resto? Podemos redondear 100 millones de toneladas de residuos por año. El año pasado, el país incumplió el objetivo europeo de reciclar el 50 % de los residuos domésticos, lo que lo ha llevado a recibir sanciones de la UE.

Holanda es el país modelo de gestión de residuos en la Unión Europea, siendo su capital, Ámsterdam, la localidad precisa donde más avances se perciben. Dentro de las claves de este éxito medioambiental se destacan:
– Posee la tasa más elevada de Europa ante el vertido de residuos tanto a nivel municipal como doméstico.
– Apuesta a un modelo avanzado de incineración de residuos, que al tiempo de generar su actividad, promueve la investigación sobre utilización del material resultante y de la combustión producida en la actividad. El mayor aprovechamiento que se realiza con este calor es para el calentamiento del agua de empresas y hogares particulares.
– Un sistema de reciclaje estricto para la población en el que, por ejemplo, no solo existen puntos de recogida de residuos específicos, sino, también se presenta una diferenciación de bolsas para precisar cada tipo particular de basura.

El cambio climático, ¿está aquí para quedarse o está aquí para que nos vayamos?

Sin dudas, los seres humanos somos el principal motor de este fenómeno, pero no somos la única especie perjudicada por las modificaciones climáticas del planeta. Actualmente, se detectan 14 especies de animales en peligro de extinción a causa de esta anomalía en el medioambiente. Como comienzo, sería necesario encontrar estrategias para desarrollar nuevas culturas de recogida y tratamiento de residuos, mejorar los métodos de reciclaje que permitan que estos sean convertidos en materia prima para las empresas desarrollando nuevas vías de aplicación y uso para nuevos mercados. Si se realiza el reciclaje adecuadamente, estos no tendrán que ser incinerados y se reducirán las emisiones de GEI y CO2 a la atmósfera.

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