Marta, una enfermera de Bilbao dimite porque en su hospital se ha vacunado a curas, miembros de la empresa de la cafetería o técnicos de máquinas

una enfermera dimite

Marta Uriarte lleva más de 20 años prestando sus servicios como enfermera en el servicio de salud del País Vasco (Osakidetza), pero lo que ha visto en este último mes en el hospital en el que estaba ahora trabajando ha superado “todos los límites éticos que un profesional puede soportar”. Uriarte estaba contratada de manera temporal en el Hospital Santa Marina de Bilbao, donde se ha desatado una fuerte crisis después de que “el gestor y varios miembros de su equipo se vacunaran saltándose los protocolos establecidos”, dice esta sanitaria.

En el Hospital de Santa María de Bilbao según la consejera de salud, se vacunaron: 4 personas de servicios religiosos, 4 sindicatos que estaban en una reunión, otros 4 que gestiona la cafetería, 2 de la empresa de vending, 2 de la empresa de mensajería. “A mí me llamaron para decirme que había un hueco para vacunarme y, desde entonces, no supe nada más.

«Yo he dimitido porque hemos llegado ya a una corrupción vacunal; no hay ética, no se respeta ni a los muertos ni a la gente que está padeciendo la enfermedad ni a los trabajadores, como yo, que estamos haciendo PCR y antígenos cada día. Me da vergüenza ajena ver lo que ha pasado, que el gerente hasta se ha grabado”, ha lamentado Marta.

A Marta Uriarte le dijeron que solo quedaba una dosis en su centro sanitario de Bilbao y que no era para ella, “sin embargo habían vacunado contra la Covid-19 ya al gerente y varias personas de su equipo. Por ética he decidido marcharme”.

“Es indecente, pero esto no termina aquí. Tuve que pedir un permiso de unos días para acudir a Torrevieja a cuidar de mi padre que se había puesto enfermo. Cuando marché estaban planificando ya la vacunación de todos los sanitarios del centro, pero cuál es mi sorpresa cuando llego a Bilbao para incorporarme de nuevo y le pregunto cuándo es mi turno para vacunarme, me dicen que ya solo queda una vacuna y que no es para mí. Sinceramente, me quedé alucinada”, dice indignada.

Ella, que ha estado en primera línea de la lucha contra el coronavirus se quedó sin su dosis, “al igual que el 20% de la plantilla que queda sin vacunar. Eso sí, el gerente Sabas ya se ha puesto su dosis, no puedo
soportar esta corrupción sanitaria y menos aún en una pandemia como la que estamos padeciendo”. Así que, después de mucho pensarlo, Uriarte decidió presentar la carta de dimisión: “Me quedaba sin trabajo, pero no podía seguir ahí viendo lo que estaba ocurriendo. Es que las vacunas que se han puesto los gerentes, tanto de este hospital como del otro hospital de Bilbao gestionado por Eduardo Maíz, no estaban ni siquiera registradas en la planificación, las habían guardado para ellos. Es para meterles en la cárcel”, asevera la enfermera.

Según relata, la estimación de dosis para Santa Marina “eran de 500 aproximadamente, así me lo comunicó un administrativo cuando comenzaron con el plan de vacunación, el cual arrancó cuando yo
estaba cuidando de mi padre. Si saben que voy a volver, ¿por qué no respetaron la dosis que debíamos recibir todos los sanitarios?” Para esta sanitaria vasca se abre ahora un período de gran incertidumbre, afirma que nunca le ha faltado trabajo, pero ahora, a sus 50 años, teme que su decisión le traiga consecuencias: “De hecho, ya me lo están poniendo complicado por haber levantado la voz. Mira, yo he dimitido porque no podemos quedarnos de brazos cruzados y sé que hay quien me va a tratar de hacer la vida imposible ahora, pero es lo que me pedía la razón, me parece tan perverso lo que han hecho los gerentes… Somos muchos los que nos estamos dejando la piel para salvar vidas. Lo único que tenemos para que no caigamos enfermos los sanitarios es la vacuna y si los gestores se dedican a robarlas es horroroso. Se está malversando con nuestra salud”, puntualiza.

«Bueno tomé la decisión de dimitir porque vi que no que no había rigor en el tema de las vacunaciones. El tema está en que la semana pasada se avisó para el tema de las vacunas y estaba fuera cuidando a mi padre. Cuando subí, pregunté por las vacunas y no ha habido manera de conseguir el vacunarme. Pues cogí y decidí dimitir. Tampoco hay que darle tanto mérito, simplemente es decir lo que está ocurriendo», se confesaba Marta para el equipo Elejemplar. Y ,con un sabor amargo concluía: «Ahora el único que me falta es el trabajo».

Marta, una enfermera de Bilbao, ha dimitido porque hay «corrupción vacunal» y le da «vergüenza ajena lo que está pasando». El director gerente del hospital de Basurto, Eduardo Maíz, y el de Santa Marina, José Luis Sabas, han presentado este miércoles su dimisión por haberse vacunado contra el coronavirus sin que les correspondiera recibirla. El Departamento de Salud ha confirmado que ambos han dejado sus cargos por “no cumplir con el protocolo establecido para la vacunación contra la covid-19. La consejera de Salud vasca, Gotzone Sagardui, ha afirmado que los criterios de vacunación son “claros y estrictos” y dan prioridad a los colectivos más vulnerables o más expuestos al riesgo. “Eso ha de respetarse siempre y sin excusa”, ha dicho.

Las cabezas están cayendo mientras la enfermera va más allá y aseguraba en Las Cosas Claras que los negacionistas son «una manada de aborregados, gente que se deja llevar por tres o cuatro, que son los que se llevan la pasta, tendrían que venir un día a cualquier hospital o residencia. Verían cómo fallece una pobre persona mayor y se te va yendo con el único consuelo de que le das la mano y le estás reconfortando».

Este acontecimiento ha dividido la opinión pública en dos partes. Por un lado hay gente que opina que: » Por eso no se dimite porque ahora hacéis mucha falta. Si hicieran todos lo mismo que tú… Eso se denuncia pero no dimitiendo, poco profesional si todos hacen lo mismo». Por otro lado son muchos que piensan que: «No me extraña, todo el que tenga un poco de dignidad se le hace difícil tragar tanta mierda. Protocolo de vacunas mal hecho y libre albedrío para ponerla en muchos sitios y como eso la mayoría de cosas en España.»

Por el momento la panorámica del caso Marta Uriarte pinta así: una dimisión por «vergüenza ajena», varias cabezas caídas y una solicitud de trabajo: la de la enfermera.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *