Ciudadanos cierra sedes por todo el país

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Quizás han leído o escuchado algo sobre el tema. Aunque con tanto ruido mediático, no es de extrañar que esta noticia pase desapercibida; como tantas otras. Pues sí, parece cierto que la formación naranja está cerrando sedes por todo el territorio. No se salva ni una provincia. Tanto es así que han cerrado más de la mitad de las sedes provinciales. «Hay que reducir gastos», habrán dicho los que mandan.   

Resulta sorprendente –aunque dada la situación podrían aplicarse diversos adjetivos–, que un partido que hasta hace bien poco gozaba de crédito político, miles de votantes y gobernanzas, se encuentre ahora en una situación de esta magnitud. Pero, hagamos memoria. De esta forma podemos dar más significancia al adjetivo escogido con anterioridad, entre los muchos que el diccionario recoge. 

Cataluña. Año 2005. Podríamos decir que este es el año de nacimiento de Ciudadanos. Un grupo de intelectuales crean una plataforma. La razón: ser un dique cívico y cultural contra el nacionalismo. Pasan los años y el partido va creciendo en presencia y votantes. Pero no sería hasta los años 2015 y 2016, cuando Ciudadanos diera el salto a la política nacional. El coleteo de la crisis económica, la corrupción y el desencanto de la ciudadanía con la clase política, propició que algunos partidos desembarcaran —menudo oleaje— en la primera línea política del país.

El bipartidismo ponía fin tras años de hegemonía y, en el nuevo tablero político, dos partidos pasaban a ser protagonistas. Primero Podemos y luego Ciudadanos. En los años antes citados –2015 y 2016–, el partido naranja consiguió representación en el Congreso de los Diputados y también en algunos parlamentos autonómicos. Incluso pudieron ser clave en la presidencia del gobierno. Recuerden el pacto firmado entre el PSOE de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Qué tiempos aquellos, pensaran algunos. 

Pues bien. Vayamos ahora al año 2019. Después de las elecciones generales de ese año, en el que consiguieron 57 diputados, comenzaron a llegar las derrotas. Tanto es así que, apenas unos meses después del gran resultado cosechado en los comicios del año 2019, el resultado fue muy diferente. 10 diputados fueron los que el partido consiguió en la cita electoral. El partido pasaba de tener 57 diputados, con un más que claro poder en el devenir de la política nacional, a ser un partido con menos peso e influencia. 

El fracaso de las elecciones tuvo consecuencias. Albert Rivera, líder del partido desde su fundación y candidato de Ciudadanos a la presidencia del gobierno, presentó su dimisión. Los pilares que sustentaban el proyecto, comenzaban a resquebrajarse. Después llegó Inés Arrimadas, una política que en el momento de su llegada era un valor en auge del partido. Recuerden su victoria incuestionable en Cataluña. Hoy parece impensable, y eso que no han pasado tantos años. 

Alguien pensó que el partido reflotaría. Que los malos resultados electorales eran fruto de una mala estrategia o de errores puntuales; en las siguientes elecciones conseguirían un mejor resultado; todavía tenían credibilidad entre el electorado. No sucedió, el partido se fue hundiendo cada vez más. Tanto es así que solo quedan algunas sedes abiertas en todo el país. 

Descenso de los ingresos

Los malos resultados electorales tienen consecuencias y, más allá de otras que podríamos analizar, una de ellas es la económica. Las derrotas en los comicios generales, han supuesto una pérdida de ingresos procedentes de subvenciones institucionales. Esto se ha traducido en la necesidad imperiosa de realizar ajustes presupuestarios. Las consecuencias más directas: despido de trabajadores y el mencionado cierre de sedes. 

En el momento de mayor auge del partido, se comenzaron a inaugurar sedes por toda España. Se expandieron por todo el país. En febrero del 2021, en Cataluña, se produjo la primera derrota de Inés Arrimadas al frente del partido. Pasaron de tener 36 diputados a 6. De las capitales catalanas, solo se mantienen abiertas las sedes de Barcelona y Girona. 

Andalucía y Madrid no son excepciones en el lento desmantelamiento de Ciudadanos. En ninguna de las dos comunidades autónomas tienen representantes parlamentarios. Recordemos que en ambas regiones formaron parte del gobierno en coalición con el Partido Popular. De las capitales andaluzas, solo quedan abiertas las sedes de Sevilla y Cádiz. La sede en la capital de España, en plena calle Alcalá, sigue abierta, siendo uno de los buques insignia del partido.

Castilla y León también fue una comunidad en la que gobernó junto a los populares. De esto no hace mucho. Sin embargo la presencia del partido solo se ciñe a las sedes de Valladolid y León. Si enumeramos las que quedan abiertas en el resto del país, así quedaría la lista: Mérida, Albacete, La Rioja, Murcia, Santander, Oviedo, Gijón, Zaragoza, Bilbao, Pamplona, Tenerife y Palma de Mallorca. 

En la Comunidad Valenciana, tras el cierre de algunas de las sedes, fue llamativa la imagen de varios miembros del partido reunidos en un Mc Donalds.  

El futuro de Ciudadanos

Por si fuera poco, parece que los problemas no terminan aquí. El enfrentamiento entre la actual presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y el portavoz en el Congreso de los Diputados, Edmundo Bal, por conseguir el liderazgo del partido, está creando un clima de crispación en el seno de la formación naranja. A mediados de este mes se celebrará la Asamblea Extraordinaria. Veremos que pasa. Tal vez sea un punto de inflexión en esta deriva. Los más maliciosos, que los hay, dirán que parece que están echando el cierre. Ironías aparte, en política puede suceder cualquier cosa. Y si no que se lo digan a un partido llamado Ciudadanos. 

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